Desde que iniciamos en 2001 la implementación de los procesos de sensibilización artística cultural en barrios marginales y en comunidades de Guatemala, nos trazamos el propósito de acercar la lúdica y las expresiones artísticas y culturales a las aulas, familias y grupos comunitarios, para contribuir a la recuperación de la confianza y a la superación del silencio, el miedo, la intolerancia, el racismo y la discriminación, herencias que dejó la guerra en el imaginario y en las relaciones intergeneracionales e interculturales. La represión clausuró todos los espacios donde la gente podía reunirse, reflexionar y organizarse para generar acciones de cambio. Sistemáticamente fueron perseguidos, desaparecidos, exiliados y silenciados, líderes, pensadores, artistas y académicos, mujeres y hombres comprometidos con la justicia y la equidad, que ofrendaron su vida y su obra en la lucha por la resistencia y la libertad. La comisión para el esclarecimiento histórico narra las atrocidades del genocidio y de la tierra arrasada que acabaron con la vida de miles de niñas, niños, jóvenes, mujeres y hombres, memoria que continuamos dignificando desde el abordaje crítico y creativo del arte. En la coyuntura actual la juventud tiene un papel crucial y transformador que asumir para que avancemos en la construcción del país plural, libre y solidario que queremos. Después de invertir valiosos tiempos, espacios, recursos y esfuerzos en el marco de los procesos de sensibilización y formación artística y desarrollo humano que dinamizan jóvenes, animadores, artistas y gestores culturales del colectivo Caja Lúdica y las y los jóvenes organizados en grupos que integran la Red de Arte Comunitario de Guatemala, tenemos la oportunidad de elevar el nivel de proposición de sus proyectos, de ampliar las estructuras organizacionales incluyendo mayor participación de las mujeres y de consolidarse en el nivel barrial y comunitario como referente de paz y convivencia intercultural. Hoy, la historia le hace un llamado a nuestro potencial creativo para que nos comprometamos en la transformación de la educación basada en la repetición por un acto pedagógico de aprendizajes compartidos que se desarrolla en un marco de creatividad, respeto, libertad, goce y disfrute. La experiencia que estamos acumulando a través de los talleres, cursos y actividades lúdicas y artísticas, la podremos aplicar en nuestro contexto, en nuestra vida cotidiana, pero sobre todo en el territorio de la Gestión Cultural para el desarrollo humano y social, en donde se requieren profundos cambios para democratizar el acceso a las diversas manifestaciones de las artes y las culturas. Las experiencias, metodologías, técnicas y conocimientos que nos han trasladado personas del país y de países hermanos, deben motivarnos para romper el silencio, la desconfianza y el miedo; para disponernos a establecer alianzas y agendas compartidas con los distintos actores sociales. Debemos apurar los pasos de nuestras propias organizaciones, gestionar proyectos, tomarnos los espacios de participación, las calles, los parques; legalizar la personería jurídica, hacer convenios con instituciones educativas, comités y autoridades locales, desplegar los procesos de multiplicación metodológica hacia las escuelas, las instituciones educativas, organizaciones sociales y las comunidades y fundar bases sólidas para que jóvenes, niñas y niños encuentren espacios para ser y pertenecer, para crear y expresarse y para organizarse y participar creativamente en la generación de relaciones solidarias y justas entre las personas y con la naturaleza. En este mes que se recuerda a la patria, recurrimos a la memoria de poetas y artistas que inventaron caminos en la adversidad, porque desde los grupos de jóvenes también estamos abriendo espacios de convivencia y hermandad en cumplimiento de los acuerdos de paz, que vamos a consolidar como centros culturales de arte comunitario.
Doryan Bedoya
doryan@cajaludica.org
Doryan Bedoya
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